Del «todo lo falso» al «engaño con sello de ‘noticia'»

Una persona se cubre el rostro con las manos, sentada en medio de una pila masiva de teléfonos, tabletas y dispositivos electrónicos apagados o rotos. La escena, con tonos fríos y oscuros, simboliza la fatiga informativa y la confusión ante un flujo incesante de contenido digital. Representa cómo el engaño ha evolucionado: ya no se trata solo de lo “todo lo falso”, sino de información diseñada para parecer veraz —con sello de noticia—, generando desorientación y pérdida de confianza en los medios.
Diana Yulieth Socha Hernández
Diana Yulieth Socha Hernández

Total TransmediaAlfabetización mediática

Cada vez que escucho la frase “fake news”, siento que entro en un terreno movedizo. Es un término breve, pegajoso, útil para titulares y discusiones acaloradas, pero tremendamente ambiguo. En mis clases y talleres siempre surge la misma pregunta: ¿fake news es cualquier cosa falsa que circula, o solo aquellas mentiras elaboradas que se disfrazan de noticia? Y ahí comienza la conversación.

La literatura lo plantea con claridad, desde una definición amplia, “fake news” sería prácticamente cualquier información falsa que circule en medios tradicionales o digitales, rumores, errores, chismes sin verificar, confusiones, todo entraría en el mismo saco. Pero la verdad es que solo hablamos de fake news cuando se trata de una pieza verificablemente falsa, presentada en formato de noticia y publicada con intención deliberada de engañar.

Cuando usamos el término en sentido amplio, corremos el riesgo de llamar “fake news” a cualquier cosa que no nos guste: desde un dato inexacto hasta un reportaje incómodo. En cambio, cuando nos referimos a un contenido falso que se viste con titulares, tipografías y rutinas del periodismo para ganar credibilidad, ahí si estamos refiriéndonos a las «fake news».

Por ejemplo, un rumor en redes ya cuenta como fake news, el foco está en un artículo falsificado que imita un periódico real, diseñado para confundir a quien lo recibe.

¿Por qué importa esta distinción? Porque las palabras son herramientas políticas. Cuando todo puede ser “fake news”, el término pierde poder explicativo y termina siendo un arma retórica para desacreditar a medios, investigaciones o periodistas. Pero cuando hablamos de fake news en sentido estricto, podemos investigar mejor sus lógicas, sus impactos y sus mecanismos de circulación.

En estos tiempos, donde la verdad parece negociable, distinguir entre “lo falso que circula” y “lo falso que se fabrica” es un acto de responsabilidad ciudadana y un recordatorio de que comprender los conceptos es el primer paso para no caer en ellos.

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