La ola de mentiras

Una representación digital futurista de un mapa geográfico, con bordes iluminados en dorado y una red de circuitos electrónicos en azul brillante sobre su superficie. Sobre el mapa, se ubican varias banderitas rojas con la leyenda “FAKE NEWS” en blanco, conectadas entre sí por líneas luminosas de colores rosa y cian que irradian desde un punto central brillante. La imagen simboliza la propagación rápida y viral de noticias falsas a través de redes digitales, destacando cómo se expanden y conectan en diferentes regiones.
Diana Yulieth Socha Hernández
Diana Yulieth Socha Hernández

Total Transmediamanipulación mediática

La ola de mentirasHace un tiempo, una noticia me impactó. Estaba tranquila revisando redes cuando, de pronto, una imagen en Facebook apareció: «Se hace justicia, va a la cárcel. ¡Es oficial!”

La imagen parecía real: logo del medio, titular fuerte, foto del político. En cuestión de segundos la noticia ya circulaba por varios grupos, y alguien incluso escribió: «Ya lo confirmaron en Twitter».

Pero no era cierto. Cuando por fin logré verificar la información —y convencer a una estudiante que la quitara de sus historias en Instagram, la noticia ya había viajado mucho más lejos que cualquier intento de desmentir.

Esa experiencia, que probablemente tú también has vivido, es la mejor forma de entender lo que en Digital-IA llamamos: Cascadas de fake news.

La ola de mentiras que se extiende de persona en persona antes de que la verdad alcance a ponerse los zapatos. Las cascadas son procesos donde una noticia falsa circula y se multiplica en redes sociales, analizando cómo se mueve, quién la comparte y con qué velocidad (Zhou & Zafarani, 2018).

Es como trazar un mapa del contagio: un usuario la publica, otro la replica, un grupo la multiplica y de pronto la mentira ya es tendencia.

En 2013, la cuenta oficial de Associated Press (AP), uno de los medios más serios, fue hackeada. Publicaron un tuit falso que decía que una explosión en la Casa Blanca había herido al presidente de EE. UU. En apenas minutos: El mensaje fue retuiteado miles de veces. Los mercados reaccionaron y el S&P 500 cayó de golpe. El tuit fue desmentido 20 minutos después pero el impacto ya estaba hecho.

Ese episodio muestra cómo funciona una cascada: una mezcla de velocidad, credibilidad, caos emocional y algoritmos que ayudan a amplificar lo que más llama la atención.

Después de trabajar en educación mediática, he entendido que las emociones nos ganan. Cuando algo nos indigna o asusta, lo compartimos sin pensarlo. La emoción va primero, la verificación después (si es que llega). Las plataformas premian lo que se mueve. Los algoritmos están diseñados para mostrar lo que genera interacción y pocas cosas generan tantos clics como un rumor alarmante. Además, confiamos demasiado en lo que nos envían personas cercanas, si viene de un amigo, de un familiar o de alguien en quien confiamos, bajamos la guardia. La arquitectura de las redes acelera todo, nunca antes en la historia un mensaje podía saltar a miles de pantallas en un segundo.

La verdad suele ser lenta, necesita contexto, herramientas, verificación. La mentira solo necesita ser emocionante y esa diferencia tiene efectos reales: distorsiona conversaciones, fragmenta comunidades, influye en decisiones políticas y crea un ruido que debilita nuestra confianza colectiva.

Las cascadas no son solo un fenómeno digital: son un problema social que afecta cómo pensamos, hablamos y votamos.

¿Podemos hacer algo para frenarlas?

Sí, aunque requiere un esfuerzo consciente. En Digital-IA siempre repetimos que la alfabetización mediática es nuestra primera línea de defensa:

1. Pausa antes de compartir. Ese segundo de duda puede frenar una cadena entera.

2. Verifica la fuente. Si no sabes quién lo publicó originalmente, ya es una señal de alerta.

3. No solo corrijas: comparte también la corrección. Una mentira viral solo se combate con una verdad igual de visible.

Visita: digitalia.gov.co y luchemos juntos contra la desinformación.

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