La sociedad dividida en bandos

Una escena simbólica sobre una mesa de madera que representa un conflicto digital. A la izquierda, un ejército de soldaditos de juguete rojos apunta hacia la derecha, con iconos de YouTube y Instagram flotando sobre ellos. A la derecha, un ejército de soldaditos azules apunta en sentido opuesto, bajo los iconos de Twitter y Telegram. Entre ambos bandos, hay una barrera de alambre de púas y un muro de bloques blancos en zigzag, simbolizando la división o censura. La imagen evoca la polarización y la batalla ideológica en las redes sociales.
Diana Yulieth Socha Hernández
Diana Yulieth Socha Hernández

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Hace unos años, durante las elecciones presidenciales en Colombia, noté algo inquietante en mis clases: los debates entre estudiantes ya no giraban en torno a las ideas, sino a los bandos. Las conversaciones terminaban en silencio incómodo o en discusiones encendidas. No importaban tanto los hechos o los argumentos, sino de qué lado estabas. Y entonces entendí: no estábamos hablando de política, sino de polarización política.

Este fenómeno no es exclusivo de Colombia. De hecho, ha sido ampliamente estudiado por investigadores como Egelhofer y Lecheler (2019), quienes advierten que la polarización implica un aumento en la división de opiniones y actitudes, sobre todo entre grupos políticos, creando redes homogéneas donde las voces contrarias son cada vez más escasas. En ese entorno, las personas no solo se agrupan con quienes piensan igual, sino que también rechazan —incluso con hostilidad— cualquier punto de vista diferente.

Las redes sociales, lejos de ser espacios neutrales, amplifican esta división. Plataformas como X (antes Twitter), Facebook o TikTok, priorizan el contenido que genera mayor interacción emocional —ira, orgullo, miedo—, y eso alimenta la confrontación.

No se trata de un error técnico, sino de un diseño algorítmico que premia la polarización, los extremos generan clics, los matices no.

Hicimos un ejercicio en clase ( mi intención era que se dieran cuenta de que también estábamos cayendo en la polarización política). Dos grupos analizaron las elecciones de Estados Unidos en el 2020 y el resultado fue que las investigaciones del Pew Research Center y del MIT Media Lab mostraron que los usuarios tendían a interactuar casi exclusivamente con contenido alineado a su ideología. En Facebook, por ejemplo, los conservadores consumían y compartían principalmente noticias de medios afines, mientras que los liberales hacían lo mismo en el otro extremo. Muy pocos usuarios cruzan esa frontera digital. El resultado fue una especie de espejismo, cada grupo veía un país completamente distinto, con “su propia verdad”.

La polarización política convierte la diferencia de opinión —que es necesaria en democracia— en una batalla identitaria. Ya no se discute qué se piensa, sino quién lo dice. El adversario se transforma en enemigo, y la conversación pública se llena de etiquetas: “izquierdista”, “uribista”, “petrista”, “facho”, “castrochavista”, entre otros, palabras que en vez de argumentar, cierran el diálogo.

En ese ambiente, la desinformación encuentra terreno fértil, si un rumor confirma lo que creemos sobre “el otro bando”, lo compartimos sin dudar. No importa si es falso; lo importante es que refuerza nuestra identidad política.

Reconstruir el diálogo

La polarización política es, en esencia, una crisis de empatía y de escucha, romperla no significa pensar igual, sino aprender a disentir con rigor y respeto. Significa leer fuentes diversas, verificar antes de compartir y, sobre todo, reconocer que las redes sociales no son la realidad completa.

En Digital-IA creemos que la alfabetización digital también implica reaprender a conversar. Porque solo cuando volvamos a ver en el otro a alguien con quien se puede hablar —y no a alguien a quien hay que derrotar— podremos salir del ruido y recuperar el sentido de lo común.

Luchemos juntos contra la desinformación. Visita: digitalia.gov.co

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