Ideas equivocadas que se quedan pegadas: Mispercepciones

Cuatro personas con rostros y cuerpos cubiertos de etiquetas que dicen "FAKE" y "LIE", junto con logotipos de redes sociales y símbolos de peligro
Diana Yulieth Socha Hernández
Diana Yulieth Socha Hernández

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Durante los primeros meses de la pandemia de COVID-19, en 2020, en distintas partes del mundo —incluyendo Colombia— circularon mensajes que aseguraban que las antenas 5G propagaban el virus. A pesar de que múltiples organismos científicos, entre ellos la Organización Mundial de la Salud (OMS), desmintieron esta afirmación, las teorías siguieron multiplicándose.

En Reino Unido incluso se registraron ataques a torres de telecomunicaciones, y en redes sociales, los grupos antivacunas retomaron esa idea para fortalecer otras narrativas conspirativas. Las pruebas, los datos y las explicaciones técnicas no bastaron, la creencia ya se había arraigado. Era una mispercepción persistente.

Hay ideas que parecen imposibles de borrar. Escuchamos una afirmación, la repetimos, la vemos en redes, y sin darnos cuenta, se convierte en parte de nuestra forma de entender el mundo. Aunque más tarde aparezcan pruebas que la desmientan, sigue ahí, instalada como una verdad difícil de desmontar. A eso se le llama mispercepción.

¿Por qué nos pasa?

El cerebro humano no busca tanto la verdad como la coherencia. Cuando una idea encaja con lo que ya creemos, la aceptamos más fácilmente. Además, las emociones —miedo, indignación, esperanza— juegan un papel crucial en cómo recordamos la información. Por eso, las mispercepciones suelen ser tan resistentes: están sostenidas no solo por datos falsos, sino por sentimientos verdaderos.

En la era digital, los algoritmos de recomendación y las cámaras de eco amplifican este fenómeno. Nos muestran contenido que refuerza nuestras creencias y nos aíslan de las versiones que podrían desmentirlas. Así, la desinformación no solo engaña, sino que moldea la percepción colectiva.

Corregir una mispercepción no es tan sencillo como compartir un “fact-check”. Implica entender por qué esa idea resultó creíble, qué necesidades emocionales o identitarias tocó, y cómo podemos comunicar la corrección de manera empática y clara.

Combatir las mispercepciones es un ejercicio de alfabetización mediática, pensamiento crítico y diálogo social. Porque si algo nos enseña el mundo digital, es que no basta con tener los datos correctos: también hay que aprender a escuchar, comprender y reconstruir la verdad entre todos.

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Referencias: BBC, ColombiaCheck, Cienciayelcoronavirus

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