Pensar dos veces: el cedazo mental que todos necesitamos

En la universidad y también en el colegio, los docentes recurrimos con frecuencia al análisis de noticias y temas de actualidad. Es el momento en que nos detenemos a examinar la información que nos llega desde distintos escenarios: los libros, el vecindario, la familia y los medios digitales.
Hace un tiempo propuse en clase un ejercicio que, según me dijeron los estudiantes, les resultó muy interesante. Les presenté tres noticias, con solo leerlas evaluaban si la información estaba completa, cuántas fuentes aparecían, el tono y la redacción. Después buscaban esas mismas noticias en medios digitales para comprobar si otros medios habían profundizado en el tema o si la información se replicaba, como señal de posible autenticidad.
Ese ejercicio funciona muy bien en el aula porque tenemos tiempo para analizar con calma. En la vida cotidiana, en cambio, muchas personas se dejan llevar por la primera información que reciben. Si no la comparten o no le prestan atención, el daño es limitado; pero cuando se preocupan y la difunden, la falta de análisis puede generar confusión y propagar desinformación.
El pensamiento crítico o el cedazo mental, como lo llamamos en Digital-IA, es la capacidad de analizar, contrastar y evaluar argumentos antes de aceptarlos como ciertos. Implica preguntarnos con calma lo que a menudo nos cuesta pensar cuando algo nos impacta:
¿De dónde viene esta información? ¿Qué evidencia ofrece? ¿Quién gana si yo la creo? ¿Qué otras versiones existen?
No siempre hace falta diseccionar la redacción palabra por palabra, pero sí conviene detenerse en el estilo y el tono. Hace poco vi un video alarmante que afirmaba que un cantante conocido había sido condenado y pronto iría a la cárcel. El registro era sensacionalista: mucha música dramática, imágenes familiares o fotos donde el artista aparecía serio, pero no se explicaba qué delito se le atribuía ni se citaba una fuente que corroborara la información. En pocas palabras: nada concreto y, por supuesto, nada verdadero.
Practicar el pensamiento crítico no equivale a desconfiar de todo ni a vivir con sospecha permanente, al contrario, nos enseña a confiar mejor, mediante preguntas sencillas que nos protegen a nosotros y a quienes nos leen o siguen. Cada vez que decidimos no compartir una noticia dudosa, evitamos que llegue a miles de personas. Con ese gesto cuidamos el ecosistema informativo que todos habitamos.
La próxima vez que una noticia te provoque miedo, rabia o urgencia, esas emociones que la desinformación utiliza como gasolina, respira un momento y hazte tres preguntas simples: ¿Quién lo dice? ¿Qué evidencia muestra? ¿Dónde más aparece? Ese segundo de pausa puede ser la diferencia entre caer en una mentira o evitar que miles lo hagan.
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