Cobertura epistémica: el radar bien abierto

Una persona de espaldas, siluetada por la luz azul de múltiples pantallas, interactúa con una interfaz digital gigante que muestra mapas mundiales, gráficos en tiempo real y flujos de datos. La escena evoca un centro de monitoreo o control, donde la atención se dirige a captar patrones, conexiones y eventos globales. Simboliza la “cobertura epistémica”: la capacidad de los medios y sistemas informativos para mantener un “radar bien abierto” —no solo reportando hechos, sino explorando contextos, causas y consecuencias en un mundo cada vez más interconectado y complejo.
Diana Yulieth Socha Hernández
Diana Yulieth Socha Hernández

Total TransmediaAlfabetización mediática

Hay días en los que siento que el mundo se mueve más rápido de lo que nuestros sentidos alcanzan a registrar. Cambian las políticas, los conflictos, las narrativas, las tecnologías y, sin embargo, vivimos con la sensación de que algo se nos escapa. Ese desfase entre lo que ocurre y lo que logramos comprender es una experiencia personal y un síntoma de la calidad del ecosistema informativo que nos rodea. Y ahí aparece un concepto que vale la pena traer a la conversación pública: cobertura epistémica.

Goldberg dice que la cobertura epistémica es la capacidad de nuestro entorno informativo para mantenernos al día de los cambios relevantes y garantizar que el conocimiento que recibimos sea confiable. Dicho de otro modo, es la medida en que podemos depender de nuestras fuentes para estar informados de manera fiable sobre un campo específico y para reconocer cuándo algo importante ha ocurrido en ese ámbito.

Cuando lo traduzco para mis estudiantes o para quienes se acercan a preguntarme sobre el tema, digo que las noticias, las plataformas y las conversaciones que nos rodean deben funcionar como un sistema de alerta y orientación. Es saber que lo que consumimos nos permite comprender el mundo en lugar de distorsionarlo.

Pero lograrlo no es automático. En un ecosistema saturado de desinformación, cámaras de eco y algoritmos que priorizan lo que nos gusta antes que lo que necesitamos, la cobertura epistémica se vuelve frágil. Podemos sentirnos informados mientras, en realidad, vivimos dentro de una burbuja. Podemos creer que estamos al día sin haber visto la complejidad del contexto.

Por eso, una buena cobertura epistémica requiere una dieta mediática diversa, crítica y deliberada. No basta con revisar titulares o depender de una sola plataforma: necesitamos contrastar fuentes, cruzar perspectivas, seguir voces confiables, identificar fronteras entre opinión y dato, y reconocer cuándo una narrativa nos está excluyendo información relevante.

Por ejemplo, quien construye una dieta mediática variada —con medios locales, internacionales, especializados, independientes y verificados— suele enterarse de los hechos importantes incluso antes de que se vuelvan tendencia, porque su radar está expuesto a señales diversas y confiables. Su cobertura epistémica es robusta.

La cobertura epistémica es una brújula en esa tarea, una invitación a preguntarnos cuánto nos estamos enterando realmente y cuánta de esa información merece nuestra confianza.Mantener el radar abierto, porque sin una buena cobertura epistémica, perdemos información y la capacidad de interpretar lo que nos pasa como sociedad.

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