Detectives de la verdad en tiempos de ruido

Un detective clásico con sombrero, abrigo y pipa en la boca, sostiene una lupa dorada frente a su rostro. A través de la lupa, se proyectan interfaces holográficas de datos, gráficos y símbolos tecnológicos, como si estuviera analizando pistas digitales. Del extremo de su pipa sale un humo arcoíris que se eleva en espiral, añadiendo un toque surrealista y futurista. El fondo muestra una librería o estudio con neón, fusionando el mundo del misterio tradicional con la tecnología avanzada. La imagen simboliza la investigación moderna, donde la intuición detectivesca se combina con análisis de datos y herramientas digitales.
Diana Yulieth Socha Hernández
Diana Yulieth Socha Hernández

Total TransmediaAlfabetización mediática

Después de la pandemia me puse a revisar cursos en internet para actualizarme y encontré uno que llamó mucho mi atención. Mi interés principal era lo digital, así que todo lo que se ofreciera sobre este tema lo revisaba con detenimiento para ver si realmente respondía a lo que buscaba. Finalmente tomé un curso sobre verificación de noticias, ofrecido de manera gratuita por dos entidades expertas que llevan años estudiando cómo las redes se llenan de información falsa.

El curso era básico, solo un par de días, pero lo suficiente para entender cómo detectaban si una fotografía era verdadera o falsa, o cómo analizaban una noticia corta. El problema fue que muchos de los programas que utilizaban no eran accesibles ni para mí (como profe) ni para mis estudiantes. Así que me quedé con la teoría y solo pude recomendarles visitar la página de esas organizaciones, donde publicaban las verificaciones que hacían y explicaban si una noticia era falsa o verdadera.

Aunque existe el fact-checking profesional, ese trabajo minucioso de organizaciones y expertos que analizan afirmaciones, rastrean evidencias y etiquetan la información como “verdadera”, “falsa”, “incompleta” o “engañoso”, la verdad es que todos, incluso sin darnos cuenta, hacemos parte de esa cadena. La verificación de datos se ha vuelto esencial porque, en un entorno donde todos producimos y distribuimos información, también debemos aprender a revisarla.

Un verificador de datos es, en esencia, un detective. Uno que, en lugar de lupa, usa bases de datos, hemerotecas digitales, herramientas de búsqueda inversa y entrevistas. Ninguna afirmación se da por cierta sin antes compararla con hechos verificables.

Por ejemplo, cuando se viraliza la frase “un político prometió X y nunca cumplió”, los fact-checkers no se quedan con lo que circula en redes, van a las grabaciones originales, revisan transcripciones, comparan fechas y contextos. No investigan lo que parece que se dijo, sino lo que realmente se dijo.

Ese es el poder, y también el desafío, del ecosistema digital: la información falsa viaja rápido; la verificación, en cambio, exige tiempo, rigor y paciencia.

No todos tenemos que revisar bases de datos o contactar a instituciones, pero sí podemos adoptar pequeñas prácticas cotidianas que hacen una gran diferencia: comprobar si la noticia aparece en otros medios, desconfiar de enlaces extraños, mirar la fecha, revisar quién publica, buscar la fuente original.

La verificación de datos no es un ejercicio de desconfianza, sino de cuidado.
 Nos cuida de caer en mentiras bien producidas.
 Nos cuida de difundir información dañina.
 Nos cuida a nosotros y también a quienes confían en lo que compartimos.

Todos podemos ser, al menos un poco, detectives de la verdad y así contribuir a construir un ecosistema informativo más sano, más confiable y más digno del país que queremos.
Cuando verificamos, evitamos caer en una mentira y también evitamos que miles caigan en ella.

Luchemos juntos contra la desinformación. Visita: digitalia.gov.co

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