Dieta mediática: comer bien, pero de información

En los últimos años me di cuenta que así como la comida define cómo se siente mi cuerpo, la información define cómo funciona mi mente. No es un descubrimiento brillante ni nuevo, pero es uno que casi nadie aplica con rigor. Todos sabemos que comer solo azúcar nos hace daño, sin embargo, consumimos información ultraprocesada todos los días sin medir sus efectos.
La dieta mediática es la planificación consciente de la variedad y calidad de las fuentes de información que consumimos, con el objetivo de mejorar nuestra cobertura epistémica, es decir, tener una visión más amplia y rica del mundo y reducir sesgos. Es una práctica de gestión activa de nuestras fuentes.
Vivimos en un ecosistema mediático que funciona más como un buffet infinito que como una cocina saludable. Hay de todo: datos verificados, análisis profundos, pero también rumores, titulares diseñados para manipular emociones y contenidos que priorizan el clic antes que la verdad. Sin una dieta mediática, terminamos consumiendo lo que es más atractivo, no lo que es más útil. Y así, poco a poco, nuestra visión del mundo se estrecha, se polariza o se contamina, nos hace daño.
Hace unos meses me di cuenta de que estaba formando mis opiniones políticas casi exclusivamente a partir de publicaciones que me llegaban en redes sociales. Todas estaban alineadas con mis creencias previas. Parecía cómodo, hasta que me di cuenta de que estaba viviendo en una burbuja epistémica.
Decidí intervenir, hoy mi dieta mediática funciona así:
Noticias: leo tres periódicos con líneas editoriales distintas, esto me permite comparar narrativas y detectar dónde está el dato, dónde la opinión y dónde el sesgo.
Análisis: escucho un podcast semanal de análisis profundo, donde periodistas explican contexto, historia y consecuencias.
Redes sociales: limité mi consumo de titulares sensacionalistas y silencié cuentas que solo publican indignación o polémica.
Verificación: cada semana reviso al menos un dato o afirmación que me pareció sospechoso, usando verificadores confiables.
A veces es algo tan simple como: cambiar cinco minutos de videos sensacionalistas por una newsletter bien curada; reemplazar un canal de opinión cargado de emociones por un servicio público de noticias; seguir a expertos y pocos influenciadores que solo opinan; diversificar el origen geográfico y cultural de nuestras fuentes.
Son pequeñas decisiones que se acumulan, igual que en la alimentación. Creo que esta estrategia ayudó a que mi pensamiento sea menos reactivo, más lento y más sólido.
Una buena dieta mediática: reduce la ansiedad informativa, ayuda a construir opiniones más robustas, mejora la capacidad crítica, disminuye la manipulación algorítmica y amplía la comprensión del mundo más allá de nuestra burbuja.
Esta estrategia me está funcionando, es posible que a ti también te ayude a sentir menos ruido y decidir con más claridad, no te hace infalible pero sí te hace mucho más dueño de tu pensamiento.
Digital-IA o visita las redes sociales.
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