Efecto de retroceso: cuando la verdad nos hace creer más en la mentira

Una escena conceptual muestra a expertos verificando información mientras un grupo central, con un cartel que dice "FALSO", se tapa los oídos, negando la verdad. A la derecha, personas analizan documentos. La imagen ilustra cómo el efecto arrastre puede llevar a la negación de hechos verificados, como ocurrió cuando miles compartieron sin verificar los comentarios sobre Puerto Leguízamo, priorizando la opinión popular sobre la verificación rigurosa.
Diana Yulieth Socha Hernández
Diana Yulieth Socha Hernández

Total Transmediaalfabetización mediática

Hace unos meses debatiamos con un grupo de estudiantes por qué algunas investigaciones tardan tanto en llegar a conclusiones sólidas y en demostrar sus hipótesis. Hablábamos de distintos temas: política, salud, corrupción, entre otros.

Una estudiante recordó un caso emblemático publicado en 1998. Contó que había encontrado un artículo de la BBC donde se mencionaba al médico gastroenterólogo Andrew Wakefield, quien, a partir del estudio de 12 niños con trastornos del desarrollo y síntomas gastrointestinales, relacionó a ocho de ellos con comportamientos asociados al autismo tras recibir la vacuna triple vírica (contra el sarampión, las paperas y la rubéola).

Pasaron muchos años antes de que ese supuesto vínculo entre el autismo y las vacunas fuera desmentido por completo. Pero durante todo ese tiempo —y aún después—, miles de padres siguieron preocupados y dudando si debían vacunar a sus hijos por miedo a que desarrollaran autismo.

A pesar de las pruebas presentadas, seguían circulando comentarios en hospitales, redes sociales y medios digitales donde la gente manifestaba sus dudas.

En teoría, la información debería ayudarnos a pensar mejor. Si alguien nos muestra evidencia sólida de que una creencia es falsa, lo lógico sería cambiar de opinión. Pero el cerebro no siempre funciona así.

El efecto de retroceso —o backfire effect— describe precisamente este fenómeno psicológico: cuando las personas no sólo rechazan la evidencia que contradice sus creencias, sino que se aferran aún más a ellas.

Cuando nos demuestran que estamos equivocados, podemos terminar creyendo con más fuerza en el error.

Este sesgo cognitivo fue documentado por los investigadores Brendan Nyhan y Jason Reifler (2010), quienes descubrieron que las correcciones informativas, lejos de convencer a algunos individuos, reforzaban su fe en la desinformación.

La mente humana no es una computadora que procesa datos objetivamente; es una narradora que defiende su propio relato.

En la era digital: cuando un desmentido te convence más de la mentira

Hoy, con redes sociales que personalizan lo que vemos, este efecto se amplifica. Los algoritmos nos muestran contenido que coincide con nuestras ideas, y cuando algo las contradice, lo descartamos, lo ignoramos o lo atacamos.

La desinformación, en ese contexto, se propaga y se blinda. Intentar corregir una mentira viral puede ser tan complejo como apagar un incendio con gasolina: si no se hace con empatía y estrategia, el intento de corrección puede reforzar la narrativa falsa.

El efecto de retroceso nos recuerda que la verdad no siempre basta para vencer la mentira, sobre todo cuando esa mentira alimenta quién creemos ser. En la era de la sobreinformación, aprender a dialogar con el error —sin demonizar al otro— es un acto de inteligencia colectiva.

Porque a veces, más que corregir, necesitamos escuchar, comprender y reconstruir juntos la verdad.

Referencias: BBC ElPais InstitutoSaludPúblicaChile

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