El Rebranding del Odio: Cómo los Groypers Disfrazan el Supremacismo de «Libertad de Expresión»

Tras el fracaso de imagen pública de la alt-right después de Charlottesville en 2017, surgió una nueva facción nacionalista blanca: los Groypers, liderados por el comentarista Nick Fuentes. Este grupo representa una evolución táctica que abandona la confrontación abierta por una estrategia metapolítica de infiltración cultural y discursiva, buscando normalizar e inyectar sus ideas en la corriente principal del conservadurismo estadounidense. Fuentes, conocido por sus posturas supremacistas blancas, negacionistas del Holocausto y misóginas, se autodenomina «conservador cristiano» o «nacionalista americano» para ocultar su extremismo.
La estrategia central de los Groypers es el «blanqueamiento ideológico», utilizando un sofisticado arsenal de tácticas discursivas para enmascarar su agenda de odio. Analizando desde las perspectivas de Jason Stanley (How Propaganda Works) y Ruth Wodak (Análisis Crítico del Discurso), se identifican tres pilares clave:
Los Groypers emplean sistemáticamente el humor, los memes (como la propia rana Groyper ) y la sátira para presentar sus ideas más extremas, un fenómeno conocido como «irony poisoning«. Esto les permite atraer a jóvenes presentándose como transgresores y les otorga una «negación plausible»: cuando son confrontados por comentarios racistas o antisemitas, alegan que «solo era una broma». Esta táctica funciona como lenguaje codificado que refuerza su ideología internamente mientras evade la condena externa y contribuye a la «normalización descarada» del odio.
Además se apropian del lenguaje del agravio para presentarse como víctimas de la «cultura de la cancelación», de la persecución de las grandes tecnológicas y hasta del establishment conservador que critican («Conservative, Inc.«). Expulsiones de plataformas o incidentes personales son enmarcados como ataques políticos. Esta inversión víctima-perpetrador busca erosionar la empatía hacia las víctimas reales de su discurso y justificar su propia hostilidad.
Instrumentalizando la defensa de la Primera Enmienda no por convicción democrática, sino como cobertura para diseminar el odio. Durante las «Groyper Wars» de 2019, interrumpieron eventos conservadores con preguntas capciosas cargadas de códigos antisemitas y racistas. Cuando los organizadores intentaban detenerlos, los Groypers los acusaban de hipócritas, usando un «jujitsu retórico» para posicionarse como los verdaderos defensores de la libre expresión. Esto ejemplifica la «propaganda socavadora» de Stanley: usar un ideal democrático para destruirlo desde dentro.
Estas tácticas operan cíclicamente: la ironía provoca, la reacción genera victimismo, y la defensa de la libertad de expresión legitima. Las consecuencias son graves tanto la normalización del discurso de odio , la erosión de las normas democráticas como la potencial legitimación de la violencia.
