Los robots también se ponen a verificar

Hace un par de meses, estaba leyendo una noticia que parecía demasiado perfecta. El post tenía miles de compartidos, comentarios indignados y hasta videos explicándolo. Últimamente he dudado de mucha información que sale en redes, aunque la publiquen periodistas o medios que para mí son viables.
Pensaba en la manera en la que se pudiera facilitar para todos, detectar la información falsa, un software que le permita al usuario, poner el texto o la imagen y que el sistema me verifique si eso era una cadena viral de desinformación o por el contrario, ya era un hecho. Así que me puse a mirar en Internet si esto era posible y descubrí en mi búsqueda que esa es la esencia de la verificación automatizada.
No son robots detectives que resuelven el caso solos, ni máquinas que saben la verdad absoluta, son sistemas diseñados para ayudarnos a procesar enormes volúmenes de información, comparar afirmaciones y alertarnos cuando algo no cuadra. Son robots que ayudan a chequear, escanean noticias, extraen hechos y buscan señales de credibilidad. La decisión final siempre la toma una persona, pero la IA acelera y mejora el camino.
Y no es casualidad que estos sistemas hayan tomado tanta fuerza, como advierte DW, «dada la velocidad con la que la desinformación se propaga digitalmente, es aún más importante que los verificadores cuenten con herramientas que ayuden a analizar flujos de datos y responder con rapidez». La automatización, dice DW, puede asistir en diferentes etapas del proceso, aunque todavía no está lista para gestionarlo de principio a fin. Y eso es clave: la IA acompaña; no reemplaza.
El primer gran filtro es identificar afirmaciones engañosas para corregirlas; aquí empieza la carrera contrarreloj. Según DW, esta fase suele incluir el monitoreo de transmisiones, medios en línea y redes sociales. Durante eventos políticos en vivo, por ejemplo, muchos equipos ya usan: Squash (Duke Reporters’ Lab), que convierte voz a texto en tiempo real. Live, de Full Fact, que captura y procesa subtítulos de televisión para convertirlos en texto legible por máquinas.
Una vez en formato de texto, entra en acción el procesamiento del lenguaje natural (PLN), herramientas como ClaimBuster analizan el contenido buscando frases que podrían ser verificadas, marcando oraciones relevantes y omitiendo ruido. Es decir que la IA rastrea el caos y subraya lo que importa.
La verificación profunda sigue siendo una tarea humana, como explica DW, las tecnologías actuales solo son útiles para búsquedas directas, por ejemplo, confirmar la población exacta de un país, pero no para evaluar evidencias complejas, contrastar interpretaciones o analizar contexto político.
Sin embargo, la automatización sí ayuda en reducir trabajo repetitivo. Herramientas como: ClaimReview, que permite etiquetar fácilmente verificaciones previas. Trends, de Full Fact, que rastrea dónde y cuándo aparecen afirmaciones engañosas para identificar canales persistentes de desinformación.
Estos sistemas funcionan como mapas: muestran qué afirmaciones circulan, por dónde y con qué fuerza. Esto permite que los verificadores humanos no empiecen desde cero cada vez.
Una verificación no sirve de mucho si no llega a quienes la necesitan. Y aquí la automatización vuelve a ser aliada. DW menciona herramientas como: Chequeabot, de Chequeado (Argentina), que además de gestionar tareas previas prepara borradores de publicaciones para redes sociales.
FactStream, de Duke Reporters’ Lab, que muestra verificaciones emergentes en pantalla durante discursos en vivo, cada vez que Squash detecta una afirmación registrada.
En un ecosistema donde circulan más de 6.000 millones de contenidos diarios, ningún equipo humano podría monitorear y responder a la velocidad que exige el contexto actual. La automatización abre rutas, filtra ruido, rastrea patrones y alerta sobre señales de riesgo. Pero la interpretación, el contexto, la explicación y la decisión siguen siendo humanas.
A veces pienso en esto como una dupla: la máquina señala y la persona confirma, juntas construyen sistemas más resilientes frente a la desinformación.
Referencia: DW