Una mirada personal a la verificación por expertos

Una persona con camisa blanca y pantalones vaqueros está usando una laptop sobre sus piernas. Sobre la pantalla del dispositivo, flota una interfaz holográfica transparente que muestra cinco íconos luminosos en azul cian: un candado (seguridad), personas conectadas (colaboración), un escudo con marca de verificación (protección o cumplimiento), un globo terráqueo (globalización) y engranajes (automatización o tecnología). La escena simboliza el uso de herramientas digitales seguras, colaborativas y globales en entornos móviles o remotos.
Diana Yulieth Socha Hernández
Diana Yulieth Socha Hernández

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Vi por Instagram una mujer que aseguraba que tenía un «tratamiento milagroso» que prometía curar desde resfriados hasta problemas respiratorios, a ella le había funcionado. Recibí el mismo video en un grupo de WhatsApp. Era una mezcla ya común (para mi) de testimonio emocional, lenguaje pseudocientífico y promesas que suenan demasiado buenas para ser ciertas. No lo respondí porque quise buscar si algún medio había verificado la información. Encontré una investigación publicada por un grupo de periodistas especializados en salud que desmontaba cada afirmación con estudios, cifras y entrevistas a médicos.

Sé que la publicidad nos muestra personas en espacios que parecen consultorios médicos, nos presentan personajes con batas blancas y gafas, que nos hacen creer que son profesionales de la salud, para vendernos una crema o algún producto que beneficia nuestro cuerpo. Esto ya lo sabemos, es habitual en los comerciales, pero cuando nos presentan un médico que habla de temas tan serios como tratamientos que salvaran nuestra vida, ahí si debemos tener cuidado y es mejor estar seguros y seguras que esa información es cierta, que esa persona, realmente es experta en salud.

La verificación por expertos, como la definen Zhou y Zafarani (2018), es ese proceso riguroso en el que especialistas en un tema, economía, salud, política, tecnología, revisan a fondo una afirmación, la contrastan con evidencia sólida y determinan si es verdadera, falsa, engañosa o incompleta. Es un trabajo que, aunque costoso y difícil de escalar, ofrece resultados precisos.

Y es que este tipo de verificación no se limita a buscar en Google ni a comparar titulares, es mucho más exigente; involucra revisar bases de datos, consultar investigaciones, hablar con expertos, pedir documentos oficiales y entender el contexto técnico detrás de cada afirmación.

Cuando surge un medicamento milagroso, equipos especializados analizan estudios clínicos, consultan médicos y cotejan estadísticas reales.Cuando un político asegura haber creado miles de empleos, los verificadores revisan bases de datos del DANE, informes de transparencia y hasta discursos anteriores. Cuando aparece un gráfico viral que demuestra algo alarmante sobre economía, los expertos revisan las series de datos, los modelos usados y el contexto que falta.

Hace poco, por ejemplo, un medio colombiano verificó una supuesta promesa económica hecha años atrás por una figura pública. No se quedaron en los tuits o los videos cortados: rastrearon debates del Congreso, discursos completos, archivos oficiales y entrevistas antiguas. Ese nivel de profundidad es imposible de lograr para la mayoría de nosotros en el día a día y por eso su trabajo es tan indispensable.

La verificación por expertos cumple una función que ningún algoritmo ni comunidad de usuarios puede reemplazar por completo: interpretar, contextualizar y evaluar profundamente la evidencia. Dependemos de ellos más de lo que creemos. Cuando un medio reputado aclara un rumor, cuando una organización de verificación desmiente una afirmación viral, cuando un equipo de periodistas desmonta un engaño político, hay horas, a veces días, de investigación detrás.

Aunque su trabajo no se viralice tan rápido como un video engañoso, es su rigor el que sostiene la calidad del ecosistema informativo que habitamos.

El primer paso para navegar mejor la información es reconocer y valorar el trabajo de quienes verifican profesionalmente. La verdad necesita profundidad, contexto y evidencia, hay cosas que solo los expertos pueden ver.

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Una mano sostiene un smartphone con una pantalla que muestra un gran símbolo de verificación (checkmark) blanco brillante. Alrededor del dispositivo, flotan iconos blancos sobre un fondo azul tecnológico: carpetas, documentos, un perfil de usuario, un gráfico de crecimiento ascendente, una computadora y un bloc de notas. La escena simboliza la aprobación, validación o éxito digital —como la verificación de datos, la aprobación de procesos, la autenticación o el cumplimiento de objetivos en entornos digitales o empresariales.

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